Alcances de una asociación estratégica integral: China y el caso de México

Desde comienzos de la década de los noventa, China comenzó a plantear, como parte de su estrategia de política exterior, el establecimiento de relaciones estratégicas, materializándolo con fuerza en América Latina desde comienzos del nuevo siglo, de forma concreta a partir de la publicación del primer Libro Blanco del 2008.

Hasta el 2020 ha establecido “asociaciones estratégicas“ con diversos países latinoamericanos como: Brasil (1993), Venezuela (2001), México (2003), Argentina (2004), Perú (2008), Chile (2012), Costa Rica (2015), Ecuador (2015) y Bolivia (2018). El 2008, en una gira por América Latina, el Presidente Hu Jintao propuso una «asociación de cooperación integral» con la región e indicaba: “(…) en nombre del Gobierno y el pueblo chinos, manifiesto solemnemente que China está dispuesta a esforzarse, junto con los países latinoamericanos y caribeños, por la configuración de la asociación de cooperación integral caracterizada por la igualdad, el beneficio mutuo y el desarrollo compartido entre ambas partes” (1).

Por tanto, China impulsó elevar el estatus anterior de “asociación estratégica” al de “asociación estratégica integral” en América Latina con: Brasil (2012), México (2013), Perú (2013), Argentina (2014), Venezuela (2014), Chile (2016) y Ecuador (2019). También mantiene relaciones cooperativas de alto nivel con Colombia, Costa Rica y Uruguay. Los “acuerdos integrales” tienen cinco ejes claves: político, económico-comercial, cultural, social y de coordinación en nuevos problemas como el cambio climático o la seguridad alimentaria. Las “alianzas estratégicas”, desde un punto de vista teórico, guardan una estrecha relación con los lineamientos de la teoría de la interdependencia al considerar la dimensión económica y comercial como clave, pero igualmente China considera otras dimensiones, tal y como queda demostrado en su Libro Blanco hacia América Latina y como lo expresó el Presidente Xi Jinping el 2014: “(…) Nuestro objetivo es apalancar y dar un salto de las relaciones de China con América Latina y el Caribe (…) China está dispuesta a conjugar esfuerzos con los países latinoamericanos para ser socios a pasos sincronizados” (2).

El alcance de esas alianzas trasciende al de la relación bilateral tradicional, porque supone la identificación de algunos objetivos comunes susceptibles de ser logrados a mediano y a largo plazo, que normalmente responden a los intereses de China bajo la retorica de la “confianza mutua”.

Por tanto, en la construcción del discurso de política exterior de China hacia la región, la “confianza” sería un elemento basal en estas alianzas, las que se construyen en función del cumplimiento de acuerdos y compartiendo la información para anticiparse a coyunturas. Y esto, a su vez, posibilitaría un mayor control de los costos recíprocos aunque no simétricos, en la relación.

La asimetría repercute en que los países latinoamericanos no tienen las capacidades materiales y humanas, en comparación a China, para reflexionar sobre los cursos de acción de su política exterior frente a este país, así como los alcances de la suscripción de “alianzas estratégicas“ a largo plazo. Esto se traduce en un éxito para las estrategias de la política exterior de China, enfatizando la simetría con la región bajo una perspectiva “win-win”.

Cuando China define a un “aliado estratégico”, también considera la densidad de las relaciones con su contraparte latinoamericana. Esta se define con base en la frecuencia y multiplicidad de interacciones que desarrollan los actores de las relaciones entre China y América Latina.

Bajo la perspectiva de la teoría de la asimetría, una relación puede ser más o menos densa, tanto en los aspectos positivos (cooperativos) como negativos (conflictivos). En el caso de México en el año 2003, por iniciativa de China, la relación entre ambos países se elevó a nivel de asociación estratégica y con el fin de implementar dicha asociación, durante la visita del Secretario de Relaciones Exteriores de México a Beijing en agosto de 2004, se firmó un memorándum de entendimiento que estableció la Comisión Binacional Permanente México-China, la que en teoría se debe reunir cada dos años desde 2004. Esta comisión analiza una multiplicidad de temas, con especial énfasis en los aspectos económicos y comerciales (3). También se creó el Grupo bilateral de alto nivel en materia de comercio e inversión el 2004, y en febrero de 2006 se inauguró el Consulado de México en Guangzhou, entre otros logros (4).

México y China entran en 2021 a una nueva fase de fortalecimiento de sus relaciones con el interés de apalancar la asociación estratégica integral en el marco de esta compleja y densa relación, China se ha convertido en el segundo socio comercial más importante de México, solo por detrás de Estados Unidos. Esta relación, en el ámbito comercial, representa para México exportaciones e importaciones altamente concentradas en pocos capítulos del Sistema Armonizado, se caracteriza desde el 2001 por un alto y creciente déficit comercial para México, y refleja una gran brecha tecnológica en el comercio (en el año 2019 el 73% de las importaciones chinas a México y el 36% de las exportaciones mexicanas al país asiático fueron clasificadas como de nivel tecnológico medio y alto) (5). Más aún, las actuales tensiones de China con Estados Unidos hacen imprescindibles para Beijing cimentar las actuales relaciones con sus principales socios en el hemisferio americano. Así, la ampliación de esta asociación estratégica integral tiene varios objetivos.

En primer lugar, recuperar el tiempo perdido. Desde 2014, cuando se celebró en la Ciudad de México la sexta reunión de la Comisión Binacional Permanente México-China pregonada con pompa en 2004, no se ha concretado una séptima reunión cumbre. Si bien durante el inicio del mandato del presidente Peña Nieto los jefes de estado se reunieron en cuatro ocasiones, este impulso se perdió abruptamente en 2016 y se mantuvo sin mayores cambios desde el inicio de la administración del presidente Trump. En México, tras el inicio de la nueva administración del presidente López Obrador en 2018, los cancilleres de ambos países se han comprometido recientemente a reanudar la comisión en 2021. Este relanzamiento reactivará asimismo el Grupo de Alto Nivel (GAN), y los dos especializados en Economía e Inversiones (GANE y GANI), y sentará las bases de nuevos acuerdos en materia de educación, tecnología, cooperación e inversión.

En segundo lugar, México y China están interesados en establecer claramente la hoja de ruta para la presencia de empresas chinas en México, ya sea como punta de lanza para el mercado norteamericano en el marco del recién firmado T-MEC entre México, Estados Unidos y Canadá, y para consolidar a México como interlocutor de China con toda América Latina y el Caribe. Beijing ha expresado su interés como observador en la Alianza del Pacífico y particularmente como miembro del Acuerdo Amplio y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) ampliado en un futuro, al tiempo de que ve a México, presidente pro tempore de la CELAC por segundo año en 2021 y miembro no permanente del Consejo de Seguridad para el período 2021-2022, como el interlocutor en Latinoamérica por excelencia. Del lado mexicano también existe en interés de crear un ambiente de mayor certidumbre y oportunidades para firmas mexicanas que deseen exportar al mercado chino.

El inicio de la nueva administración del presidente Joe Biden en los Estados Unidos representa, sin duda, un factor importante en la ecuación China-México, ya que ante la perspectiva de que la tensa relación comercial Washington-Beijing continúe, es cuestión de interés nacional para China consolidar a sus socios en el hemisferio americano. Así, la consolidación de la asociación estratégica integral con México permitirá a empresas chinas, entre ellas las del ramo de tecnología y comercio electrónico, seguir ampliando su presencia en territorio mexicano, cerca pero al mismo tiempo afuera del mayor mercado de consumo en el mundo, el estadounidense, y podría garantizar una mayor participación, ahora todavía modesta, de empresas chinas en proyectos de infraestructura del gobierno federal de la actual administración. Más aún, aparte de ser un ideal interlocutor de China con sus vecinos latinoamericanos y caribeños dentro y fuera del marco de la CELAC, México podría considerar sumarse tanto a la propia Iniciativa de la Ruta de la Seda (IRS) como al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB por sus siglas en inglés), probablemente las dos más importantes apuestas de China a nivel global en términos de cooperación en el marco de la reconstrucción económica ante la pandemia.

Y es precisamente dentro del contexto de esta pandemia del COVID-19 que la ampliación de la asociación estratégica integral cobra ahora una mayor relevancia. Ante la gran posibilidad de que el abasto de vacunas de las firmas Pfizer-BioNTech, AstraZeneca y las asignadas desde la plataforma Covax de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es insuficiente, México, al igual que varias naciones latinoamericanas, han acordado el abasto de la vacuna de la empresa china CanSino. Previamente en 2020, al igual que con Argentina, el puente aéreo Shanghái-Ciudad de México logró abastecer parcialmente al sistema de salud mexicano con mascarillas, equipo protector médico y otros insumos para atender a los afectados. Ahora, el gobierno del presidente López Obrador ha garantizado por lo menos 12 de los 35 millones de dosis con la firma china para el primer cuatrimestre del 2021, junto con acuerdos similares de la vacuna rusa Sputnik V (6)

Las perspectivas a largo plazo de la ampliación de la asociación estratégica integral entre México y China, dependerán en gran medida de la forma en que se cumplan los objetivos de cooperación y asociación multisectorial concebidos por China en su segundo Libro Blanco para Latinoamérica en 2016 ante la actual recesión económica resultado de la actual pandemia. Pero también dependerá de cómo evolucione la relación de Beijing con la nueva administración del presidente Biden en Estados Unidos -que determinará una relación más proactiva de Beijing con Latinoamérica- y de la propia relación entre México y Estados Unidos, una relación que si bien mantiene una asimetría y una dependencia económica estructural muy estrecha, se vaticina como una relación relativamente tensa en la que México podría apostar nuevamente a la diversificación. El tiempo colocará las piezas en su lugar.

 

Pamela Aróstica es Directora de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM). Doctora (Ph.D.) en Ciencias Políticas de la Freie Universität Berlin, Magíster en Estudios Internacionales e Historiadora de la Universidad de Chile. [email protected]

Ulises Granados es Coordinador del Programa de Estudios Asia Pacífico del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Doctor en Historia y Sociedad del Este de Asia de la Universidad de Tokio, Maestro en Estudios de Asia y África por El Colegio de México (COLMEX) y Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 

Esta columna es fruto de una colaboración entre Asia Link y la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM). www.chinayamericalatina.com 

 

Referencias: 

1. Embajada de China en Perú. (2008). Discurso del Presidente de la República Popular China Hu Jintao ante el Honorable Congreso del Perú. “Hacia la Edificación Conjunta de la Asociación de Cooperación Integral China-América Latina y el Caribe en la Nueva Era”. Lima, 20 de noviembre. En: http://cl.china-embassy.org/esp/xw/t523582.htm (Consultado 10.01.2021).

2. Agencia EFE. ( 2014). “Xi Jinping propone una “alianza estratégica” a América Latina y el Caribe”. El Presidente chino hizo esta afirmación después de participar en Brasilia en la Cumbre entre la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y los BRICS, foro integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Agencia EFE. Diario de Cuba 17 de julio. En: http://www.diariodecuba.com/internacional/1405601631_9551.html (Consultado 05.01.2021).

3. Aranda, M. (2010). «México y China: una asociación estratégica». En: China Hoy, edición especial, pp. 6-7.

4. Cornejo, R. (2010). “México y China. Ironías y perspectivas de su relación”. En: Torres, B. & Vega, G. (Eds.). Los Grandes Problemas de México. Edición abreviada. IV Política. México D.F.: El Colegio de México. p.94.

5. Dussel Peters, E. (2020). “México y China: condiciones y retos en el comercio en el corto, mediano y largo plazos”. Comercio Exterior 24, octubre-diciembre. p. 29, En: http://www.revistacomercioexterior.com/revistas/24/1606156503689.pdf (Consultado 12.01.2021).

6. Infobae. (2021). AMLO prevé recibir la vacuna china de CanSino a finales de febrero. 12 de enero. En: https://www.infobae.com/america/mexico/2021/01/12/amlo-preve-recibir-la-... (Consultado 12.01.2021).

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