Asia Pacífico y la colaboración público-privada

Recuerdo muy pocas coyunturas como la que sufrimos a propósito de la pandemia que hayan puesto de forma tan evidente el enorme valor que tiene la colaboración público-privada. Probablemente ninguna.

La cantidad y el alcance de las iniciativas, incluidas la regularidad y calidad del diálogo entre representantes de ambos mundos, es quizás una de las mejores lecciones que nos dejará el paso del virus.

En un reciente webinar organizado por la Fundación Chilena del Pacífico con el ministro de Economía y el presidente de la CPC, precisamente para ahondar en los hitos a la fecha de esta alianza y su proyección, advertí la profundidad con que unos y otros han abordado el momento decisivo que vivimos. Si no era ahora, no iba a ser nunca.

A pesar de que a lo largo de la historia hay otros ejemplos de colaboración público-privada, lo que hemos visto en estos últimos meses, sin duda es destacable y espero no pecar de optimismo si digo que es probable que algo de esta dinámica quede luego de la tormenta.

Es motivo de doble satisfacción comprobar que, en espacios más amplios, como el de la Región del Asia Pacífico, la comunidad de negocios también ha decidido apostar decididamente por el trabajo colaborativo con el sector público para enfrentar la pandemia y abordar la recuperación económica.

Esta es la propuesta de fondo que el Consejo Asesor Empresarial de APEC (ABAC) desarrolla en el denominado Reporte del Covid-19, un detallado trabajo de recomendaciones a partir de evidencia compartida y de un arduo esfuerzo de los últimos meses que le será entregado formalmente a los líderes de las economías que integran APEC (el Foro de Cooperación del Asia Pacífico), entre las que Chile participa activamente.

“Tanto el cambio climático como la pandemia, riesgos terribles, requieren alguna medida de coordinación global y cooperación”, enfatiza ABAC.

ABAC, que forma parte de la estructura formal de APEC en su calidad de ente asesor, estructura sus recomendaciones en dos grandes ejes: respuestas al impacto inmediato de la pandemia, por un lado, y para preparar el terreno de cara a la recuperación económica y a la construcción de resiliencia, por otro.

No pretendo detallar en estas líneas cada una de esas iniciativas, pero sí quiero recalcar que subyace en todas ellas la necesidad de un esfuerzo colaborativo y transversal, al interior de cada país y, por cierto, entre países.

En el primer eje, desde mantener abiertos los mercados para los bienes, servicios e inversiones -en especial cuando se trate de insumos médicos esenciales para la pandemia- hasta minimizar las disrupciones a las cadenas de abastecimiento (lo que supone resistir cualquier intento por lo que algunos llaman “desglobalizar” el mundo), apoyar a las Pymes en sus desafíos operacionales y apalancar la conectividad digital, son propuestas que requieren un compromiso sólido por avanzar en conjunto entre los mundos privado y público.

Ocurre exactamente lo mismo con las recomendaciones incluidas en el segundo eje, las que van desde trabajar de forma colaborativa para elaborar e implementar un plan para la reapertura de las fronteras, incluso mediante la creación un cuerpo informal de coordinación en APEC que provea lineamientos en esa materia y  sobre protocolos para cuarentenas, hasta el desarrollo de un marco de trabajo regional para una recuperación sostenida, el que ABAC recomienda que facilite compartir mejores prácticas en el entorno post pandemia.

Todo unido al restablecimiento de un trabajo colaborativo con instituciones multilaterales para favorecer la estabilidad tanto durante la crisis como en el mundo que se configurará una vez que pasen los días más negros.

Colaboración, coordinación y un verdadero sentido de cooperación regional, todos elementos en el ADN mismo de APEC: teclas clave para afrontar lo que nos queda y hasta para salir más fortalecidos. Tomémoslo como una gran oportunidad.

 

Loreto Leyton es Directora Ejecutiva de la Fundación Chilena del Pacífico.

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