¿Cambiará Biden el curso de EE.UU. respecto de China y el comercio?

La administración del nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, debe encontrar la manera de retomar las piezas de la controvertida política comercial del expresidente Donald Trump, especialmente en lo que se refiere a China. Algunos esperan (o tal vez temen) que Biden regrese la política estadounidense a una versión reformada de los días del internacionalismo liberal anteriores a Trump, adoptando el libre comercio y el liderazgo económico global. Sin embargo, es más probable un enfoque integrado entre el internacionalismo liberal y el populismo.

Un enfoque internacionalista liberal haría que Biden llevara a Estados Unidos a la Asociación Transpacífica (CP-TPP), el acuerdo comercial entre 12 naciones del borde del Pacífico que Trump abandonó en 2017 y desde entonces se ha convertido en el Acuerdo Integral y Progresista más pequeño para la Asociación Transpacífica.

También podría reactivar el impulso hacia la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión con la Unión Europea y negociar nuevos términos comerciales con un Reino Unido posterior al Brexit. Podría revitalizar el proceso de negociación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) mientras coloca su proceso de solución de controversias en un terreno más firme.

Biden ha señalado que podría adoptar una forma tradicional de internacionalismo liberal. En 2017, hizo una defensa del orden internacional liberal en Davos y en 2020 publicó un himno al liderazgo estadounidense en Asuntos Exteriores. Pero Trump ha roto el consenso de la posguerra a favor del libre comercio. La política del comercio ha cambiado, con escépticos comerciales en la izquierda y ahora más fuertes. Esto apunta a la posibilidad de que Biden continúe con las políticas populistas comerciales de su predecesor, centrándose en el proteccionismo y el unilateralismo.

Las diferencias entre una dirección política liberal internacionalista y populista en los Estados Unidos son marcadas en la política de China. Un internacionalista liberal, Biden, adoptaría un enfoque tradicional estadounidense para el ascenso de China. Vería la economía en crecimiento de China como una oportunidad para las empresas estadounidenses y esperaría manejar cualquier amenaza que pudiera representar Beijing integrándola en las instituciones y leyes internacionales.

Aún así, Biden puede agregar una visión estratégica a la política comercial errática y desorganizada de Trump, y podría adoptar una posición más agresiva hacia las prácticas comerciales chinas percibidas como injustas. Por ejemplo, podría imponer sanciones comerciales por manipulación de la moneda china o violaciones de los derechos de propiedad intelectual. La administración de Biden también puede ver la protección comercial como uno de los muchos instrumentos de política disponibles para castigar a China por comportamientos no relacionados con el comercio a los que se opone. Estos pueden incluir violaciones de derechos humanos contra los uigures y comportamiento agresivo contra Taiwán o en el Mar de China Meridional.

Un informe reciente de Carnegie Endowment for International Peace titulado Una política exterior para la clase media y en coautoría con el asesor de seguridad nacional de Biden, Jake Sullivan, puede arrojar algo de luz sobre los planes de la nueva administración. Presenta una visión para un enfoque más integrado de las relaciones exteriores de Estados Unidos, uno que no sea ni puramente internacionalista liberal ni puramente populista. Biden ha respaldado el informe y el concepto amplio de desarrollar políticas en torno a los intereses de los estadounidenses comunes, independientemente de cómo se definan.

Una "política exterior para la clase media" tiene como objetivo considerar cómo cualquier acción afectará las vidas de la mayoría de los estadounidenses. Tiene la intención de construir una amplia coalición en torno a la política exterior de Estados Unidos, evitar los cambios del internacionalismo al aislacionismo y prevenir sobrecompromisos destructivos como la guerra en Irak. Sin embargo, no está claro qué significaría este enfoque para la política comercial y la relación entre Estados Unidos y China.

Dicho esto, si Biden coloca este informe y sus implicaciones en el centro de su política exterior, podemos predecir cinco áreas de cambio.

Primero, habrá un enfoque más integrado de la política exterior. La administración de Biden considerará la política comercial con China como una parte de la relación general entre Estados Unidos y China, y considerará las implicaciones de la política comercial en la prosperidad estadounidense en general.

En segundo lugar, habrá un enfoque abierto pero pragmático de la cooperación internacional en materia de comercio. Biden puede estar más dispuesto que Trump a firmar nuevos acuerdos comerciales y profundizar los antiguos. Aún así, no apoyará tales acuerdos simplemente para solidificar el liderazgo de Estados Unidos, sino que dará prioridad al impacto económico de cualquier posible acuerdo sobre los votantes de clase media.

En tercer lugar, habrá fuertes demandas de que cualquier nuevo acuerdo contenga más protecciones laborales y ambientales. La influencia de la izquierda en el Partido Demócrata, junto con el poder político del cinturón de herrumbre de Estados Unidos, hace probable que tales condiciones se vuelvan cada vez más importantes en los acuerdos comerciales.

Cuarto, habrá un mayor énfasis en las políticas internas relacionadas con el comercio. Esto puede incluir un mayor enfoque en la construcción de industrias nacionales, alentar la compra de productos estadounidenses (ya visto en una orden ejecutiva presidencial), desalentar la subcontratación y la reubicación de la producción y promover la participación laboral.

En quinto lugar, habrá voluntad de denunciar a China por sus abusos contra los derechos humanos y sus prácticas comerciales desleales percibidas, combinado con una renuencia a desplegar recursos para enfrentar la expansión de China. Estados Unidos será reacio a afirmar la hegemonía en Asia Pacífico si eso requiere el despliegue de recursos significativos que se cree que se gastan mejor en casa.

En general, es probable que la administración de Biden establezca un rumbo equilibrado y centrista en su relación con China y en el comercio mundial. No volverá al viejo paradigma del internacionalismo liberal ni continuará en el molde populista. Estados Unidos se basará en ambas tradiciones para desarrollar una versión de internacionalismo restringido que ponga en el centro los intereses económicos estadounidenses, definidos en términos generales. El tiempo dirá si este nuevo enfoque híbrido de la política exterior de Estados Unidos dará sus frutos.

 

Charles R. Hankla es profesor asociado de ciencia política en la Universidad Estatal de Georgia.

Esta columna se reproduce con el gentil permiso del East Asia Forum.

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