¿Chile en un dilema ante dos potencias?

Qué duda cabe, la diáspora China (entendida como la marcha de esta comunidad humana por diversos lugares del mundo) es cada vez más visible y Chile no ha quedado aislado en este recorrido.

Hemos visto a los inversionistas chinos transitar desde una fase de vitrineo “comercial” extremadamente tímida a comienzos de esta década, a tener a finales de la misma, un ánimo de involucrarse  decididamente en varios sectores de nuestra economía: agroindustria, infraestructura, energía, transporte, minería y telecomunicaciones; por medio de empresas como Legend Holdings Corporation, Tianqi, Yantai Changyu, Joyvio, Huawei, Mobike,  Spic, Southern Power Grid, Jiangsu Yanghe Distillery Co. Ltd., Joy Wing Mau, China Harbour, China Railway Group, por sólo nombrar algunas.

La visita del presidente Sebastián Piñera durante esta semana a China, actualmente nuestro principal socio comercial, es un fiel reflejo de esta colaboración. Ahora bien, la delantera que están tomando grandes corporaciones chinas ha encontrado una enérgica oposición por parte de Estados Unidos, nuestro segundo socio comercial, según las declaraciones de su secretario de Estado Mike Pompeo, durante su visita a Chile, quien ha calificado de “capital corrosivo” su presencia en Latinoamérica, y con ello, ha sido blanco de críticas acusándosele de estar motivado más bien por objetivos político-estratégicos derivados de la guerra comercial entre ambas potencias, más que en la realidad comercial bilateral entre Chile y China.

A pesar de ello, no se puede desconocer que existen complejidades políticas para Chile en esta colisión de titanes.

Por tanto, más que inclinarse a favor de uno u otro, parece prudente y necesario continuar con un enfoque pragmático, cual es que, independiente del origen geográfico de la inversión, existen tratados de libre comercio, y todo un marco legal e institucional que regula la materia, (sin perjuicio de que puedan ser perfectibles para evitar potenciales distorsiones de mercado), y en eso debiésemos confiar. Lo anterior es coherente además con la política exterior chilena y el comercio internacional.

Volviendo al punto, aun cuando la presencia China ha ido creciendo, faltan elementos aún para afirmar que estamos dentro de una tendencia exponencial que pueda dinamizar fuerte e integralmente variados sectores de la economía chilena. Para mejorar aquello, varias entidades gubernamentales han tomado una serie de iniciativas que debiesen facilitar e incrementar la entrada y desenvolvimiento de empresas chinas en nuestro país, reconociendo que tenemos una cultura empresarial distinta y un ambiente regulatorio complejo que presenta enormes exigencias a los inversionistas chinos.

Sumado a lo anterior, debemos abordar esta labor de enlace con nuestros pares chinos, promoviendo un escenario colaborativo entre el sector público, privado, universidades y especialistas en el tema, que nos ayude a identificar (recogiendo la teoría de  Nassim Nicholas Taleb) los cisnes negros. Me refiero a aquella información que, por su rareza, no se considera como determinante de lo que pueda ocurrir a futuro, pero que en la práctica puede producir un impacto positivo o negativo enorme.

Me refiero a que no debemos centrar el análisis y la ejecución, basados sólo en aquella información parcial y visible a un sector, con una mirada cortoplacista y de soluciones fáciles, que simplifique el buen augurio de la relación con China; y dejar de observar el resto de las pruebas, aristas y datos, que revelan la corrección que es necesaria hacer a nivel país para que la actual matriz comercial con China tenga mayor innovación y conocimiento orientado a una portafolio de inversiones y cartera exportadora más diversificada, sofisticada, que incorpore activamente a pequeñas y medianas empresas, y en definitiva aporte mayor valor agregado que nos beneficie del consumo interno Chino; Asimismo, sería un error nuestro obviar los antecedentes que evidencian la dependencia que tenemos de China, y que analizados en perspectiva son indicios que nos pueden ayudar a evitar un desenlace negativo que pueda poner en riesgo la fructífera relación política y comercial con nuestros socios chinos al verse afectada la estabilidad económica de un país pequeño pero abierto al mundo como es Chile.

Lo anterior no se materializará si se deja solo a las fuerzas del mercado. Es necesario un esfuerzo deliberado, sostenido y multisectorial en pensar y hacer, si queremos cumplir la aspiración de ambos países en lograr mayor apertura y ser socios estratégicos y permanentes a largo plazo.

 

Por Martín González Solar,  Abogado LLM y Socio Director GS&Co.

 

 

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