Colombia y China: Oportunidades y proyecciones bajo la coyuntura de COVID-19

En julio de 2019 el presidente colombiano Iván Duque efectuó una visita oficial a China con el objetivo de expandir las relaciones comerciales y los flujos de inversión de la potencia asiática.

Actualmente China es el segundo socio comercial de Colombia, después de Estados Unidos.

Durante esa gira presidencial se lograron acuerdos para la compra de productos como banano y aguacate, y se buscó incrementar las inversiones chinas en Colombia. Esto último punto se ha materializado entre octubre de 2019 y marzo de 2020 con la licitación de la primera línea del Metro de Bogotá que fue asignada al consorcio China Harbour Engineering Company Limited y Xi’an Metro Company Limited, la construcción del Tren eléctrico de Occidente que fue adjudicada a China Civil Engineering Construction Corporation, junto con el estratégico proyecto aurífero Buriticá adquirido por la empresa Zijin Mining Gold, tras comprar el 100% de la empresa Continental Gold dueña del proyecto.

Bajo el contexto de la pandemia este año, el gobierno chino expresó su apoyo a Colombia mediante el envío de donaciones por valor estimado de US$1.5 millones de dólares en pruebas para diagnosticar el COVID-19, equipos de bioseguridad y respiradores el pasado 5 de mayo, siendo este otro ejemplo de la denominada “diplomacia de las mascarillas” que el gobierno chino ha impulsado en América Latina y el Caribe. Tanto la visita del presidente Duque como el apoyo en insumos médicos de China demuestran el mutuo interés para renovar la relación bilateral y darle mayor dinamismo.

No obstante, renovar no significa necesariamente consolidar y afianzar, si bien China tiene un claro interés por marcar mayor presencia en América Latina en general y en los países andinos como Colombia en particular, la sola iniciativa de China no es suficiente. En este plano es necesario reconocer que Colombia no ha logrado desarrollar de forma proactiva y por iniciativa propia una estrategia clara, ni coherente en el tiempo, para reforzar sus vínculos con China y las aproximaciones han estado dominadas por intereses cortoplacistas de los gobiernos colombianos de turno y con una mirada predominantemente económica, concibiendo a China como fuente de recursos económicos en términos de exportaciones y financiamiento internacional, pero sin considerar desplegar otros necesarios y estratégicos ámbitos de la agenda bilateral.

Para mejorar esto se necesitan romper varios muros: históricamente las relaciones bilaterales entre Colombia y China, se han visto lejanas por factores geográficos, culturales, también económicos, pero fundamentalmente políticos, los cuales han evitado que la relación bilateral pueda avanzar a mayor velocidad. En efecto, al revisar la evolución histórica de la política exterior colombiana, ésta se ha centralizado en una relación de alineamiento preferencial con Estados Unidos, mientras que China y también por extensión el resto de Asia, históricamente no han sido consideradas un real referente geoestratégico para la proyección internacional de Colombia, y solo hasta hace muy poco tiempo, tanto los sectores público, empresarial y académico han empezado a analizar con mayor interés Asia y en articular China. Al cumplirse en 2020 cuarenta años de haberse iniciado formalmente las relaciones diplomáticas con China, la relación para Colombia aún tiene muchos desafíos por enfrentar y muchos aspectos para mejorar, ya que persiste el desconocimiento mutuo el cual se ha configurado como resultado de dichos muros históricos.

Por parte de Colombia es urgente proceder a replantear su política exterior y concretamente definir ¿cómo interactuar con China en los próximos años?, bajo ¿que estrategia?, ¿que parámetros van a orientar la relación bilateral?, y ¿con qué instrumentos Colombia va a ampliar dicha relación a otras agendas mas allá del plano económico-comercial?. La actual coyuntura de la pandemia de COVID-19, presenta una gran oportunidad para ello: por un lado, la reciente creación de la Agencia China de Cooperación Internacional para el Desarrollo (CIDCA por sus siglas en inglés) en 2018, abre un nuevo escenario de relacionamiento de alto nivel para fortalecer a corto plazo la financiación de proyectos de tipo humanitario y social en relación a los impactos y el manejo de la pandemia con la Agencia Presidencial para la Cooperación (APC) de Colombia, por otro lado en el mediano y largo plazo, el país puede perfilar la cooperación técnica china en temáticas relevantes para lograr cumplir los objetivos de desarrollo sostenible de la agenda 2030 tales como ciencia, tecnología e innovación, infraestructura portuaria y digital, cambio climático, biodiversidad y desarrollo de energías limpias, todos sectores en los que China actualmente expresa un gran interés de jugar un rol protagónico y Colombia tiene potencialidad de desarrollar.

Pero para esto se requiere renovar tanto las formas como los contenidos para elevar las relaciones con China a nivel estratégico, lo cual pasa por replantear la acción externa de Colombia frente a las propuestas de China: por ejemplo, ninguna entidad gubernamental colombiana se ha pronunciado hasta la actualidad de forma concreta, sobre el posible ingreso del país a la iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI por sus siglas en inglés), el país no ha logrado un estatus de asociación estratégica con China -como si lo tienen varios países de la región-, y los niveles de relacionamiento multidimensional con China siguen siendo muy bajos, además en el ámbito económico que ha sido el que se ha priorizado en estas cuatro décadas en el acercamiento a China, Colombia esta muy rezagados en comparación a países vecinos como Perú y Chile, tampoco se ha logrado potencializar escenarios regionales para fortalecer estos vínculos, por ejemplo por medio de bloques como la Alianza del Pacífico o CELAC.

Si bien es positivo para el país incrementar las exportaciones de recursos naturales hacia China, tras cuarenta años de relaciones diplomáticas bilaterales, Colombia debe hacer un esfuerzo por ir más allá, por tanto se requiere definir por primera vez, una estrategia integral de relacionamiento de alto nivel con China, que aborde y mejore la dimensión económica y comercial pero que no se limite a ella, una estrategia estructurada en el mediano y largo plazo como política de Estado.

 

Carlos Alberto Chaves es Director del Centro de Investigación en la Facultad de Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Santo Tomás en Bogotá, Colombia.

Esta columna es fruto de una colaboración entre Asia Link y la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM). www.chinayamericalatina.com

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