Comercio y medio ambiente en la relación China-México

El 14 de mayo de 2019, China y México firmaron el protocolo fitosanitario para la exportación de plátano mexicano al país asiático.

Dos días antes la organización World Air Quality Index, declaró que México presentó el tercer aire más contaminado del mundo después de China y Turquía.

Ante la contaminación como elemento en común para la relación sino-mexicana, pareciera que las prioridades comerciales de la Ciudad de México son erróneas.

Desde el 2013 la prioridad de los gobiernos mexicanos para fortalecer la relación con China, ha sido la reducción del déficit comercial vía la profundización de los lazos económicos. De hecho, el otrora embajador mexicano en China, ahora Subsecretario de Relaciones Exteriores, Julián Ventura, en una nota del domingo 12 de mayo de 2019 (El Universal), afirmó que la relación con China debería contribuir a alcanzar las metas de desarrollo del gobierno actual por medio de las inversiones en manufactura avanzada, movilidad, comercio electrónico, servicios en línea y logística, entrada al mercado chino y aprovechamiento del turismo chino, últimos dos sectores en exponencial aumento.

Pero ¿debería ser el comercio la prioridad de la relación sino-mexicana?.

El 5 de junio de 2019, tendrá lugar en Hangzhou, China la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente. La decisión de Naciones Unidas para realizar el evento en China, se debe al reconocimiento de los logros que el país asiático ha tenido en el ámbito del medio ambiente y en la lucha contra el cambio climático. Cabe recordar que China posee la mitad de los vehículos eléctricos y el 99% de los autobuses públicos eléctricos ¡del mundo!.

Y si bien el 75% del financiamiento chino en su programa global insignia –la Iniciativa de la Franja y la Ruta– se ha concentrado en proyectos de combustibles fósiles, Beijing ha impulsado una «Franja y Ruta Verde» para el fomento de un desarrollo ambientalmente sustentable.

En México, la administración del presidente López Obrador (2018-2024) ha enfocado sus esfuerzos al interior –algo así como Mexico First–; lo que queda de manifiesto por medio de la lectura de su Plan Nacional de Desarrollo, el cual deja entrever un nulo interés por las relaciones internacionales, ya ni se diga Asia o China.

Los esfuerzos de acercamiento con China –como el caso de la firma del protocolo fitosanitario que ya mencioné– reproducen la estructura que la relación bilateral ha mantenido desde hace tiempo: asimetrías comerciales y complementariedad.

No hay intenciones, explícitas o implícitas de participar en los esquemas chinos de gobernanza global, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, o la ya citada Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Y en el actual contexto de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, algunos analistas y tomadores de decisiones sostienen que México podría aprovechar la situación para fortalecer los vínculos con el país asiático.

Sin embargo, estas consideraciones continúan limitándose al ámbito comercial.

De todas maneras, el comercio mexicano con China se ha incrementado a un ritmo mucho más rápido en comparación al comercio de México con Estados Unidos. De 2000 a 2008 el comercio sino-mexicano se incrementó poco más del 37% en promedio anual, mientras que el comercio mexicano-estadunidense se incrementó solo 4.5% en el mismo periodo. De 2010 a 2017 el ritmo del crecimiento del comercio sino-mexicano disminuyó a casi 12% anual y el del comercio con Estados Unidos aumentó a 7.7% en el mismo periodo.

Es decir, el statu quo de la relación mantiene un ritmo in crescendo que sí se puede aprovechar, pero lo ideal sería que fuese de manera integral, y no solo comercial.

Las políticas de Beijing en pos del medio ambiente resultan ser una atractiva opción de cooperación e intercambios de todo tipo, incluso también comerciales.

Aunque ya existen algunas propuestas en esta línea –sobre todo desde la academia–, los tomadores de decisiones en México no han podido, o no han querido, hacer caso para el diseño de efectivas políticas para el fortalecimiento de la relación con China.

Aprovechar el America First de Trump, podría resultar muy benéfico para la relación sino-mexicana, e incluso para el Mexico First de López Obrador. Pero, esto no debería reproducir viejas prácticas que condicionan y mantienen la estructura de la relación bilateral.

Explorar los intercambios en materia de medio ambiente parece ser una atractiva, y necesaria opción para profundizar los lazos bilaterales.

 

Eduardo Tzili es Profesor e Investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco en México. Maestro en Estudios de Asia y África, con especialidad en China por El Colegio de México.

Esta columna es fruto de una colaboración entre Asia LInk y la red http://chinayamericalatina.com

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