COVID-19: nuevos retos para China y México en perspectiva de género

En medio de la crisis generada por el COVID-19, tanto organismos internacionales, como administraciones gubernamentales de diferentes países, agencias de noticias y ONG´s entre otros; colman los medios de comunicación y redes sociales con información que busca dimensionar los efectos negativos de la pandemia y la cuarentena, enfocándose en su mayoría en los tópicos sanitarios, económicos y políticos; así como las diferentes estrategias gubernamentales para hacer frente a esta contingencia. No obstante, también están los efectos sociales y se mantiene latente la pregunta: ¿Qué pasa con la agenda de género de los países en plena pandemia?.

Desde el fenómeno originado por el #MeToo de 2017, los diferentes movimientos feministas alrededor del mundo comenzaron a interconectarse cada vez más.

Más allá del país o región geográfica, la igualdad, la justicia y la seguridad han encabezado las prioridades dentro de la agenda de género y es en estos campos donde se han concentrado los esfuerzos colectivos de los diferentes movimientos en los últimos años. No obstante, la llegada del COVID-19 y el confinamiento, han propiciado la drástica degradación de las condiciones de vida de muchas mujeres alrededor del mundo y en especial en América Latina.

La vulnerabilidad que experimentan las mujeres, se ve reflejado en situaciones cotidianas que se viven tanto en los espacios públicos y privados, acentuando la inseguridad y la violencia.

Ante la creciente necesidad de políticas y mecanismos que mitiguen los efectos negativos del COVID-19, si bien la cuarentena que resulta necesaria debido al contexto actual, a derivado en que en la mayor parte de los países no se han considerado las consecuencias del confinamiento: como el incremento de la violencia de género doméstica y la indefensión de muchas mujeres ante sus perpetradores. De acuerdo a cifras oficiales de la OMS al 7 de mayo de 2020, sus Estados miembros reportaron un aumento de hasta 60% en las llamadas de emergencia por parte de mujeres denunciando violencia por parte de sus parejas o personas con las cuales residen durante la cuarentena.

Expertos en el tema resaltan que si el confinamiento persiste, se llevarán a cabo cerca de 31 millones de casos de violencia doméstica alrededor del mundo.

En la mayoría de los casos, la violencia doméstica es invisible y no esta considerada en las cifras oficiales; con lo cual se dificulta tomar acciones asertivas para ayudar a las víctimas.

En este escenario los casos de China y México, tienen como denominador común que se encuentran dentro de los países donde los niveles de violencia doméstica ascendieron desde el inicio de la cuarentena.

En el caso de China, agrupaciones feministas y activistas se han dado a la tarea de formular sus propias estrategias para ayudar a las víctimas; entre ellas, Free Chinese Feminism que ha establecido una serie de campañas y cursos online, dirigidos a mujeres víctimas de violencia doméstica, apoyadas de slogans como: “Lucha contra el virus, no contra tu familia”, buscan fomentar una cultura de prevención y denuncia.

Por su parte la organización Yuanzhong ha creado un manual que señala los pasos que deben seguir las denunciantes si desean recibir asistencia legal para el divorcio y un listado de números de teléfono al que llamar si necesitan ayuda psicológica gratuita al instante.

De igual forma la organización feminista más antigua de China, fundada el 24 de marzo de 1949: All China Women´s Federation que forma parte de la estructura gubernamental, se ha propuesto crear una base de datos que albergue información sobre los individuos con antecedentes de abuso y violencia hacia las mujeres en el país. S

in embargo, más allá de las estrategias gubernamentales y civiles, las estrictas medidas de confinamiento implementadas por las autoridades en China, cerrando ciudades enteras y con la prohibición de salir de casa a millones de familias, ha tenido un efecto colateral: se ha hecho más difícil brindar atención a las víctimas que se encuentran aisladas; e igualmente y como consecuencia de esta crisis, la red de protección a las denunciantes se ha debilitado.

Por su parte la violencia doméstica en México al igual que en China, se ha incrementado exponencialmente, y para el caso mexicano se suma la amenaza activa del feminicidio como cúspide de la violencia de género.

A pesar de la existencia de la “Ley para el Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia”, desafortunadamente para miles de mexicanas víctimas de violencia doméstica esta normativa no se aplica.

La violencia doméstica y feminicida, aunada a las desapariciones y agresiones contra mujeres continúan al alza en México; país que además se enfrenta a las complicaciones estructurales del sistema y donde a principios del año pasado se suspendieron apoyos federales hacia los refugios para mujeres víctimas de violencia doméstica a lo largo de todo el país; y adicionalmente ahora padece la amenaza de suspensión del subsidio federal para Alerta de Violencia de Género a siete estados del país.

El complejo contexto actual, además de vulnerar a muchas mujeres más, también implica un serio retroceso en los avances en términos políticos y sociales de la agenda de género, obtenidos recientemente.

Si bien durante los últimos años la cuarta ola feminista y sus diversos movimientos tuvieron avances sin precedentes, también es cierto que ningún país del mundo ha logrado la igualdad sustantiva.

Los casos icónicos de China y México nos demuestran que en el contexto de COVID-19 y los desafíos que plantea, la agenda de género no puede quedar rezagada y por tanto es clave un mayor fortalecimiento en la vinculación entre mujeres para fortalecer las redes de protección frente a la violencia y también para estar presentes en la formulación, ejecución y seguimiento de políticas públicas que den sustento a una mayor igualdad de género, adicionalmente es necesario continuar con la búsqueda y acciones en pro del avance en materia de igualdad para asegurar el cumplimiento de la agenda de género por parte de los gobiernos.

 

Samantha Montiel es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Docente e Investigadora en la Universidad de Oriente Campus Puebla.

Esta columna es fruto de una colaboración entre Asia Link y la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM). www.chinayamericalatina.com

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