¿Cuáles son los riesgos para China en su avance por América Latina?

Nunca en la historia moderna, China ha sido tan poderosa y tan bien posicionada para realizar avances tanto políticos como económicos en América Latina y el Caribe.

A pesar de la fragilidad de su sistema financiero, China tiene reservas de más de trillones de dólares y sus empresas, aprovechando el beneficio de décadas de inversión, tecnología y conocimiento absorbido de socios occidentales (como requisito obligatorio por el gobierno chino para tener acceso a su mercado), han llegado a ser cada vez más competitivas en el entorno mundial.

En América Latina y el Caribe, las empresas chinas en sectores como petróleo y minería, construcción, logística, manufactura, telecomunicaciones y financiero, expanden sus operaciones con el respaldo de socios bancarios y del gobierno chino (particularmente en sectores estratégicamente favorecidos), con un estimado aproximado de USD$114 mil millones de dólares en inversiones acumuladas, y más de USD$150 mil millones de dólares en proyectos respaldados por préstamos chinos.

Aunque las dinámicas de cada sector son diferentes, todas las empresas chinas están cada vez más adeptas a escoger y trabajar con socios y consultores locales, e interactuar con gobiernos, trabajadores y habitantes de la región.

Desde una perspectiva política, nunca en tiempos modernos China ha tenido tal combinación de riqueza e influencia internacional, con un líder carismático con autoconfianza y poder centralizado, mientras que su competidor principal en la actualidad EE.UU, cuestiona sus alianzas y compromisos comerciales, y confunde y antagoniza con sus vecinos en la región, por medio de sus políticas y pronunciamientos.

Si la confluencia de crecimiento económico chino y las dinámicas políticas del hemisferio occidental, han conspirado para posicionar a China en realizar avances sin precedentes en la región, también ha generado riesgos para China; y no es cierto que en base a la autoconfianza sembrada por su éxito, comprenda los alcances de estos riesgos.

El peligro viene principalmente por dos obstáculos de los que China no se ha despojado en el transcurso de su avance en la región.

El primero es cautivar los “corazones” de los latinoamericanos en la alianza con China, y no solo hacerlo por “interés,” y  en segudo término, llegar a un entendimiento con EE.UU. sobre “reglas de competencia” y como conducirla con transparencia, para evitar que su rival global principal no interprete su avance como una amenaza fundamental.

Especialmente en la última década con la recesión mundial de 2008, los líderes políticos y hombres de negocios de una amplia gama de ideologías han buscado, o han sido receptivos en aumentar sus lazos comerciales con China, como mercado y fuente importante de préstamos, inversiones y oportunidades de negocios.

La dimensión “política” de este interés se ha destacado por el rol de China en ayudar a sostener (por medio de negocios, inversión o crédito financiero) a países con fuerte grado de populismo como Venezuela, Bolivia, Cuba y (anteriormente) Ecuador y Argentina. También se ha destacado por las cumbres China-CELAC y sus planes asociados en sacar adelante su relación multidimensional con la región.

Más recientemente, en la dimensión política-estratégica de la relación se ha destacado por el colapso de la tregua diplomática con Taiwán en 2016, dado que los países de América Central y el Caribe se han acercado a China para establecer lazos diplomáticos, principalmente en búsqueda de vender sus productos y atraer inversión.

Igual como los EE.UU en el siglo XXI, los chinos, con su auto-concepto de ser el centro del mundo (“China” significa reino medio), no reconoce plenamente la falta de confianza (o hasta racismo en algunas partes) hacia ellos.

Sin embargo, en la encuesta de Latinobarómetro 2014, entre las personas consultadas en todo la región, más del 49% calificó el gobierno de China como poco o nada confiable, y menos del 8% lo calificó como muy confiable.

De manera similar, con la ambigüedad sobre lo que significa “ser parte” del proyecto de la “Franja y la Ruta”, hay un riesgo de que los chinos confundan el entusiasmo de la región por sumarse a este proyecto, con la aceptación de un orden mundial, orientado por flujos de riqueza entre un centro chino y el periférico, donde los países de América Latina y el Caribe podrían quedar marginalizados.

A su vez, los chinos corren el peligro de confundir la desconfianza que algunos en la región sienten hacia los EE.UU (por la complejidad de las relaciones históricas), y el rechazo por muchos del estilo del Presidente Trump, con una “aceptación de brazos abiertos” de China como alternativa. No captan que parte del entusiasmo por los lazos más fuerte con China se impulsa por una expectativa (no bien definida) de beneficio económico, y que este entusiasmo rápidamente se puede desvanecer, si los latinoamericanos llegan a percibir (por causa de los chinos, o por su propia falta de auto-coordinación y organización), que su posición en el proyecto de la “Franja y la Ruta”, u otros aspectos de su relación con China, no impulsa su desarrollo de forma equitativa en base a sus expectativas, o que habían cambiado una percepción de “subordinación” política-económica de los EE.UU, para otro.

Mas allá, que malentender los motivos con que los latinoamericanos “se presentan para una alianza con China”, también hay un riesgo de que los chinos confundan el auto-enfoque temporal por los estadounidenses en sus divisiones políticas internas, con una falta de capacidad de organizarse para defender sus intereses contra el avance de China en la región.

Las referencias a China como competidor en la Estrategia de Seguridad Nacional de los EE.UU, la llamada a consultas por parte del gobierno de los EE.UU. de sus diplomáticos en Panamá, República Dominicana y El Salvador, para analizar el avance diplomático de China, y los comentarios por parte del Secretario de Defensa Jim Mattis durante su visita a la región, son indicaciones de que las acciones de China en la región ahora tienen la atención de Washington, como un desafío a sus intereses.

La profundización de la guerra comercial entre China y los EE.UU, solo aumentaría la percepción de amenaza causada por los avances de China en la región. Es probable que los próximos cambios en las relaciones diplomáticas con Taiwán provengan de países geográficamente vecinos a EE.UU., como Guatemala, Honduras o Haití, impulsado en parte, por el rechazo (por ciertas élites) de las políticas y presiones estadounidenses.

En el éxito de sus avances en América Latina y el Caribe, China esta tentado a ignorar la desconfianza que exista hacia los chinos en algunas partes, y las preocupaciones de los EE.UU, tachándolos como un “imperio paranoico, en declive, o que no tiene autoridad moral para hablar de los intereses de la región”.

Pero si hay una lección clave por parte de los EE.UU, es que el éxito y poder puede hacerse ciego a la resistencia que se impulsa por sus próximas acciones, hasta que sea demasiado tarde. El interés a largo plazo, tanto de China, como de los EE.UU y de América Latina y el Caribe, debería ser la de interactuar de forma transparente, bajo un marco de ley y mecanismos acordados para resolver las disputas, con el resultado de que la competencia inherente fomente energías e iniciativas creativas, que impulse a todos hacia adelante.

 

R.Evan Ellis es Profesor de estudios latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra de los EE.UU. Esta columna es parte de una alianza estratégica entre Asia Link y la Red CAEM (www.chinayamericalatina.com)

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