Descubriendo India

El pasado jueves en la ciudad de Buenos Aires, el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), organizó un evento para presentar su reciente publicación sobre las relaciones entre América Latina e India denominada: "Latindia, el futuro de la cooperación entre América Latina e India".

En el marco del seminario organizado en conjunto con la cancillería argentina, tuve la posibilidad de presentar un artículo que integra la mencionada publicación, donde desarrollo la actualidad y futuro de las relaciones entre los dos mencionados actores.

India es un mercado ciertamente complejo, pautado por sus más de 1.300 millones de habitantes (próximamente destronará a China de la primera posición), constituye la democracia más grande del mundo; además, su tamaño geográfico, ya que se trata del séptimo país en territorio con más de 7.000 km de frontera con seis países, su diversidad cultural, la abundancia de sus recursos, su compleja organización política y la importancia de su juventud, nada menos que 500 millones de personas tienen menos de 24 años, lo que representa una importante fuerza laboral.

Asimismo, es un país ubicado en una zona estratégica y con una importancia geopolítica creciente. No debiéndose olvidar que posee armas nucleares y un programa armamentístico en curso muy ambicioso.

En términos económicos, si bien en la actualidad la economía de India crece a una tasa cercana al 8% (incluso superando a China) y lidera el crecimiento de la clase media a nivel mundial, aún enfrenta desafíos que afectan su plena inserción en la economía internacional.

El país todavía muestra una muy baja tasa de urbanización, presenta una elevada dependencia de la agricultura y de la industria extractiva. A su vez, aún registra importantes déficits de infraestructura, niveles elevados de informalidad, precariedad del empleo y enfrenta problemas medioambientales y de seguridad alimentaria de consideración. En contrapartida, en los últimos años el país ha implementado reformas de impacto global en el sector de servicios, en el régimen de inversiones, lo que repercutió en un salto en la inversión extranjera directa (IED) captada por el país, la desburocratización del comercio exterior y la promoción de algunos sectores como el automotriz, el de medicamentos y el de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC).

India, como otros países asiáticos, es un claro ejemplo de los beneficios de implementar políticas sectoriales específicas de promoción, en sectores que pueden alcanzar niveles de competitividad internacional, los que luego impulsan el posicionamiento del país en otras ramas de la economía.

De hecho, el país coloca los productos de la industria de las TICs en las principales economías desarrolladas (Estados Unidos, Reino Unido y otros países europeos), contando además con algunas de las principales empresas del rubro a nivel global. Los esfuerzos para potenciar dicho sector llevaron a la concreción de reformas en el régimen de IED, el sector financiero, de infraestructura y el educativo, entre otros.

Como viene ocurriendo en otras economías de Asia Pacífico, India ha sofisticado su estructura industrial en los últimos años, donde adquieren cada vez mayor relevancia las exportaciones de productos con alto contenido tecnológico, como medicamentos, vehículos, máquinas y equipos electrónicos, en contrapartida de la vestimenta y el calzado.

Sobre la política comercial de India, debe tenerse en cuenta que se está frente a una economía muy cerrada, tanto desde el punto de vista arancelario (sus tarifas siguen duplicando los promedios de Asia Pacífico), como también por las medidas no arancelarias y la burocratización de su comercio exterior. A su vez, se trata de una potencia que posee escasos acuerdos comerciales, incluso con su región más próxima. Como resultado, el país representa una baja porción del comercio internacional, explicando menos del 3% de las importaciones globales de bienes y por debajo del 2% de las exportaciones.

De cualquier forma, a partir de las reformas iniciadas en la década de los noventa, los niveles arancelarios han bajado sustancialmente y el país inició negociaciones ambiciosas como la que mantiene con la Unión Europea (con sumas dificultades para avanzar) y con gran parte de las economías de Asia Pacífico a través del RCEP, que lo vincularía con China en un acuerdo que, en términos de impacto, rebasa ampliamente el pilar económico y comercial. Por otra parte, con América Latina, solo ha podido cerrar acuerdos limitados con Chile y el Mercosur, mientras que actualmente negocia con Perú un tratado de mayor profundidad.

En cuanto a la relación de India con América Latina, si bien el comercio exterior entre los dos actores ha sido muy dinámico, especialmente en el período 2001 – 2014 (en los últimos años las corrientes comerciales han tenido una baja de consideración), el monto comercializado está muy por debajo de su potencial. En efecto, en 2017 el comercio bilateral no superó los US$ 30.000 millones, una suma muy baja si se tiene en cuenta el comercio global de los dos socios considerados. La región explica en la actualidad el 4% de las exportaciones y el 5,1% de las importaciones totales de India.

Respecto a los bienes intercambiados, se trata de una relación que en términos comerciales podría ser definida como complementaria, ya que India coloca en América Latina productos con mayor proceso y contenido tecnológico, por ejemplo: vehículos, químicos, medicamentos y máquinas y plásticos, mientras que adquiere de la región productos primarios como combustibles, grasas y aceites, metales preciosos, minerales y azúcar.

Los estudios de identificación de oportunidades comerciales indican la potencialidad existente en la exportación de alimentos por parte de los países latinoamericanos hacia el mercado indio, hoy en niveles muy bajos. Las importaciones de alimentos de India crecen de forma muy dinámica y si bien enfrentan elevados aranceles y medidas no arancelarias, algunos países comienzan a colocar estos productos de forma creciente. No se debe olvidar, que dado el continuo crecimiento de su población y el desafío de garantizar la seguridad alimentaria de sus habitantes, el país asiático continuará siendo un importante importador de alimentos, situación que constituye una oportunidad para la región.

Por otro lado, India se ha convertido en un proveedor de bienes sofisticados, incluso compitiendo de forma creciente con China, Estados Unidos y la propia Unión Europea en América Latina.

En definitiva, si bien la relación de India con la región sigue siendo poco profunda y existen escasos espacios de diálogo, el interés mutuo es creciente y la instalación de empresas indias en América Latina un fenómeno cada vez más habitual. De cierta forma, el tiempo confirmará la necesidad de prestarle más atención a un vínculo que muestra un interesante diferencial en el sector servicios, en especial en las TICs, productos farmacéuticos y en el sector de alimentos.

 

Ignacio Bartesaghi es Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica del Uruguay y director del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la misma Universidad. También es Doctor en Relaciones Internacionales e integrante del Sistema Nacional de Investigadores. Esta columna fue originalmente publicada en nuestro medio amigo El Observador.com

Comentarios