Economía doméstica y educación en Japón

El Ministerio de Educación de Japón prepara una revisión de las guías para la enseñanza en la educación básica y media. No es una reforma, sino mejoras a la iniciada a comienzos de siglo que el Consejo Nacional de Educación analiza con cierta periodicidad

Uno de los cambios que se avecinan es alejarse más aún de la tradición memorista —que fue proverbial en la educación japonesa y que persiste en buena medida— para adoptar enfoques basados en solución de problemas, pensamiento crítico y mayor autonomía personal.

No obstante, los japoneses son celosos guardianes de ciertas tradiciones. Una de ellas es la enseñanza de la “economía doméstica”— así la traducen, pero es mucho más que eso— en la educación básica y media. Es una materia con una carga importante para formar el carácter (seikaku) de los alumnos, para hacer las labores del hogar y ser autosuficientes cuando llegue el tiempo en que tendrán que vivir solos. También para lograr una sociedad sustentable.

Es una asignatura obligatoria, pero cada escuela se las arregla para ponerla en práctica. En la Escuela Secundaria y Preparatoria Anexa a la Universidad de Nagoya —que visité el 30 de octubre— es un asunto de teoría y práctica que ejecutan a fondo.

Observé cómo la mitad de un grupo de segundo de prepa, niñas y niños, participaba en equipos de cinco en la preparación de su comida del día —que compartirían con otros estudiantes— y hacía de todo. Desde calcular la carga de calorías de cada porción hasta lavar y limpiar bien las verduras, preparar carne o pescado y cocinarlos al punto.

Lo hacían bajo la supervisión y consejo de la maestra, pero cada equipo se concentraba en su tarea. Los jóvenes traían delantales que ellos mismos confeccionaron y fabricaron. La escuela sólo les proporcionó los medios.

En los cursos previos, los estudiantes estudiaron la teoría —en libros con bellas ilustraciones— y, al llegar a la cocina, tienen que poner en práctica ese conocimiento: trabajar con la mente y las manos, poner imaginación para sazonar la comida, planear las tareas y efectuar con precisión el trabajo (hay que evitar cortarse o quemarse, laboran con cuchillos y fuego). Al final, poner atención a la estética del platillo. Tiene que ser bello, no nada más sabroso y nutritivo.

Este tipo de educación que combina teoría y trabajo productivo tiene un valor formativo importantísimo. Da a los alumnos capacidades para una alimentación sana y un buen vivir. En Japón no hay problemas de obesidad, hay muy poca gente calva. Ello se debe a que la dieta es balanceada y con los nutrientes apropiados para una vida saludable. Los japoneses lo aprenden en la educación básica y media.

Las mudanzas curriculares que se avecinan pondrán a prueba la capacidad de los maestros para ir hacia nuevos horizontes (no mucho, el cambio es pausado) y discriminar lo desechable de lo estable. La materia de economía doméstica es un activo de la escuela japonesa. Intuyo que perdurará.

 

Esta columna fue publicada originalmente en Excelsior de México.

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