Innovación y Desarrollo tecnológico, el dínamo de China, ¿y nosotros?

Quienes hemos estado vinculados a China concordamos que es un país anhelante de desarrollo, dispuesto a mejorar de manera constante y dinámica, y con una visión de largo plazo. Pensemos en el contexto de la pandemia actual, mientras muchos países aún luchan por promover los pagos móviles en respuesta al COVID-19, China, hace tiempo ya, cuenta con una sociedad sin efectivo, alcanzando en el 2019 una tasa de penetración del 86% de la población aproximadamente.

La transformación que ha vivido, pasando de ser un fabricante de bajo costo e intensivo en mano de obra a una economía impulsada por la investigación y el desarrollo (I+D) es sorprendente.

Es por esto que, creemos que la próxima gran ola de competencia China está a la vuelta de la esquina y esta vez ya no de la mano de obra barata sino de la capacidad de innovación de China.

Ahora bien, este recorrido ascendente de innovación del gigante asiático no ha sido fácil y los primeros intentos fracasaron. Tropiezos y errores llevaron a los líderes chinos a plantearse preguntas fundamentales sobre ¿cómo se produce la innovación? La respuesta transversal fue que a mayor educación más innovación.

Parece una conclusión simple y evidente, sin embargo, no es tan fácil decidir e implementar un sistema educativo a gran escala con ese objetivo. Sobre todo, cuando surgen preguntas que no tienen una solución única, tales como: ¿Qué tipo de cultura y espíritu empresarial se debe promover? ¿Cómo impulsar el capital de riesgo y las condiciones de financiación requeridas para facilitar el proceso mediante el cual las ideas migren hacia una generación de conceptos, diseño de productos finales y, últimamente, el marketing y comercialización orientado al mercado global?

Aunque no existe un patrón definido como respuesta a estas interrogantes, creemos que la voluntad de una enorme cantidad de talentos chinos a viajar, residir, estudiar, aprender y trabajar en otros polos generadores de innovación en el extranjero fue un factor clave.

Sumado a lo anterior, e igualmente importante, ha sido el esfuerzo local en China orientado al fortalecimiento y ejecución de una estrategia de innovación colaborativa entre las universidades, institutos de investigación, el sector privado industrial y el gobierno, focalizados en conjunto en la transferencia de conocimiento y la creación de nuevas empresas en China.

Con esta combinación de recursos, ciudades como Shenzhen han generado el suficiente capital humano para transformarse en verdaderos motores del crecimiento económico, dando pie a la formación de agrupaciones tecnológicas no solo en tal ciudad, sino que en las principales regiones de China.

Desde el otro lado del planeta, está nuestro país, Chile, con fuertes lazos comerciales con China, donde muchos de nuestros productos llegan a tal mercado.

Aprovechando la sinergia por años existente entre ambos países, se hace evidente que miremos a China más allá del tradicional intercambio comercial, y generemos acciones para movilizar nuestra frontera tecnológica y conocimientos en investigación y desarrollo y así lograr la convergencia al desarrollo con recursos educativos, técnicos y empresariales en China. 

Aprender y avanzar de este modelo chino de innovación participativa, que surgió de las cenizas de varios fracasos y por ello, tiene un sentido de urgencia, y que no puede quedarse en zonas de confort, podría ser un aliciente a actores chilenos en innovación para activar redes en tal mercado y orientar su actuar con una mirada similar a nuestro par chino, esto es apuntando al desarrollo, sumado a una visión de largo plazo.

 

Por Martin González Solar. LL.M Tsinghua University, Beijing China. Socio Director en GS&Co. Abogados y Consultores y Hernán Jaramillo Soto, Asia Business Development 
MBA - The Chinese University of Hong Kong, China.

Comentarios