Relaciones China-América Latina en el prisma COVID-19 y medio ambiente: Otro camino es posible

La pandemia de COVID-19 ha impactado en la humanidad, tanto en sus formas de organización económica, social y política.

No solo es una crisis sanitaria global, también es la crisis económica más grave después de la Gran Depresión, suscitada en uno de los años más calurosos de la historia, desde que se tienen registros.

A un año de pandemia, los países latinoamericanos no solo registran mayores niveles de pobreza, desempleo, inseguridad, desaceleración de la economía y crisis fiscal; sino también han sido testigos de los efectos más inclementes del cambio climático: lluvias, inundaciones, sequías y deforestación entre otros.

La acelerada contaminación también ha sido impulsada por países como China, dado que su rápido crecimiento económico en las últimas tres décadas, ha intensificado la demanda de bienes y servicios para garantizar su seguridad energética y alimentaria, así como su expansión industrial.

Mientras el gigante asiático, cuenta con solo el 7% de las tierras cultivables y el 6% de los recursos hídricos del mundo (CEPAL, 2017), América Latina posee el 25% de los bosques y de la tierra cultivable, así como más del 30% de los recursos hídricos del mundo, y grandes reservas petroleras y mineras (Studer, 2019).

En este contexto, la exponencial presencia de China en América Latina y el Caribe en especial durante la última década, se ha desarrollado a través de cuatro canales directamente relacionados con industrias extractivas y recursos naturales: el comercial (basado en el intercambio de materias primas por productos manufacturados); las inversiones (concentradas en sectores extractivos como petróleo, minería, carbón o agroindustrias) ; el financiamiento (en su mayoría condicionado al pago con petróleo o contratación de empresas chinas); y la construcción de mega infraestructuras (con frecuencia asentadas en territorios ambientalmente frágiles y socialmente vulnerables).

Todas estas actividades han acelerado el deterioro ambiental debido al aumento de la contaminación y la reducción de los recursos hídricos, deforestación y expansión de la frontera agrícola, agotamiento de recursos no renovables, amenazas a la supervivencia de las comunidades locales, y reprimarización de las economías latinoamericanas.

Durante el 2020, las medidas tomadas por los gobiernos del mundo para contener la expansión del COVID-19, tuvieron como consecuencia un respiro para el planeta cuando se redujeron súbitamente los niveles de uso de combustibles y por lo tanto de las emisiones contaminantes; además, las industrias desaceleraron sus actividades y el comercio internacional se ralentizó.

Sin embargo, este respiro fue solo temporal, dado que grandes economías como la de China están enfocadas en volver a los niveles de producción anteriores a la pandemia.

A su vez, países vulnerables como los latinoamericanos, ante la necesidad de controlar la crisis sanitaria, reactivar sus economías, financiar el gasto público y sobrellevar la resultante carga fiscal, se direccionan a China para lograr nuevos paquetes de financiamiento o renegociaciones de la deuda ya existente.

Esto ha significado también omitir criticas frente a conflictos socioambientales suscitados en medio de la pandemia, como la fiebre de madera balsa en la Amazonía, causada por la creciente demanda china, lo que ha ocasionado una estrepitosa deforestación de los bosques (Aguilar, 2021); o frente a la presencia de la flota pesquera china con redes de arrastre en aguas territoriales correspondientes a Chile, Perú, Ecuador y Argentina (GFW, 2020).

En este escenario, se abre una ventana de oportunidad para repensar la posibilidad de reformas estructurales y dar un giro al modelo extractivo e insostenible que sustenta las relaciones de América Latina con China.

La recuperación económica del país asiático sumada a renovados impulsos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, auguran la entrada de nuevos paquetes de financiamiento, proyectos de infraestructura e inversiones en los próximos años.

Así, los países latinoamericanos están frente a dos caminos con respecto a sus relaciones con China: por un parte seguir la trayectoria extractivista que caracteriza la relación en todos los frentes (comercio, inversión, financiamiento e infraestructuras) lo que a su vez compromete seriamente los intentos por construir sociedades inclusivas y sostenibles. O por otra parte, reevaluar los grandes modelos económicos y financieros que sustentan estos vínculos y hacer esfuerzos para reducir la huella ecológica y contribuir decididamente al cambio climático. En un momento actual en el que se han hecho patente las vulnerabilidades de las naciones y los estados ante eventos naturales, la segunda opción se vislumbra cada vez más viable en las relaciones entre América Latina y China.

Y es que la pandemia también ha venido acompañada de grandes pasos para la protección y defensa del medio ambiente.

En el caso de China, el 2020 apuntó a un cambio histórico en su estrategia de inversiones al publicar la “Guías de crédito verde”, la “Guía para el financiamiento climático” y finalmente la “Guía de desarrollo verde”.

Esta última propone la utilización obligatoria, por parte de la banca nacional y privada, de un “mecanismo de clasificación y filtro de proyectos que se formulen en el marco de la iniciativa china de La Franja y La Ruta”.

El objetivo es incluir la sostenibilidad ambiental como criterio de decisión para el financiamiento de proyectos tanto dentro como fuera del país (Salazar, 2021). A ello se suma el surgimiento de diversas organizaciones de la sociedad civil china para temas ambientales que están abriendo diálogos con los bancos y las empresas.

En el caso de América Latina, acaba de entrar en vigor el “Acuerdo regional sobre el acceso a la información, la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y el Caribe” (Acuerdo de Escazú). Un acuerdo históricamente esperado y promovido por organizaciones de la sociedad civil y representa un hito en términos de la voluntad política para avanzar en el fortalecimiento de la gobernanza ambiental regional, además que supone un marco importante sobre el cual asentar las relaciones con China.

A esto se suman innovadoras propuestas sobre canje de deuda por naturaleza como la “Iniciativa global de financiamiento para la biodiversidad” (BIOFIN), que bien pueden ser usadas entre China (uno de los mayores acreedores de la región) y América Latina (una de las regiones más biodiversas del mundo) no solamente para alivio de deuda, sino como un compromiso para frenar y mitigar el daño ambiental (Larrea, 2021).

Este escenario presenta oportunidades atractivas para que China consolide su liderazgo en cuestiones climáticas y de conservación, contribuyendo al mismo tiempo al alivio de la presión fiscal por la que atraviesan varios países latinoamericanos.

Hoy más que nunca, proteger el medio ambiente y luchar por medidas para hacer frente al cambio climático es esencial, pues implica pensar en temas como el acceso al agua potable, la electricidad, la seguridad alimentaria, entre otros aspectos claves para superar la pandemia y lograr una recuperación económica sostenible en un mundo en donde más de la mitad del PIB mundial depende de la naturaleza (F4B, 2020).

 

Diana Castro Salgado es Doctora (c) en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Andina Simón Bolívar, Magíster en Relaciones Internacionales y Licenciada en Estudios Internacionales por la Universidad del Azuay en Ecuador.

Esta columna es fruto de una colaboración entre Asia Link y la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM). www.chinayamericalatina.com 

 

Referencias:

Aguilar, D. (2021). “De la selva a la China: La fiebre balsera que pagó 22 centavos de dólar por árbol”. La Historia y CONNECTAS. En: https://www.connectas.org/especiales/de-la-selva-a-la-china/ (Consultado 10.04.2021)

CEPAL. (2017). “Alicia Bárcena alienta a China y a América Latina y el Caribe a cooperar en áreas clave para potenciar su desarrollo.” En: https://www.cepal.org/es/comunicados/alicia-barcena-alienta-china-americ... (Consultado 10.04.2021)

Finance for Biodiversity Initiative (F4B). (2020). Recapitalising Sovereign Debt Why Nature Performance Bonds are needed now. En: https://a1be08a4-d8fb-4c22-9e4a-2b2f4cb7e41d.filesusr.com/ugd/643e85_e2f... (Consultado 08.04.2021)

GFW, Global Fishing Wath. (2021). En: https://globalfishingwatch.org/map/?locale=es (Consultado 05.04.2021)

Larrea, C. y Ramos, J. (2021). Propuesta para un canje de deuda por Naturaleza con China. Universidad Andina Simón Bolívar. En: https://repositorio.uasb.edu.ec/bitstream/10644/7839/1/Larrea%20C-Ramos%... (Consultado 08.04.2021)

Salazar, C. (2021). “La Guía de Desarrollo Verde: China a punto de un cambio histórico en su estrategia de inversiones.” Organización Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (DAR). Mar 18, 2021. En: https://dar.org.pe/la-guia-de-desarrollo-verde-china-a-punto-de-un-cambi... (Consultado 10.04.2021)

Studer, I. (2019). “Recursos naturales de Latinoamérica y cambio climático.” The Nature Conservancy. En: https://www.nature.org/es-us/que-hacemos/nuestra-vision/perspectivas/rec.... (Consultado 05.04.2021)

 

Comentarios