¿Una franja y una ruta?: China y el Caribe en la nueva ruta de la seda

En 2013, el Presidente Xi Jinping propuso un renovado impulso a la antigua Ruta de la Seda de la dinastía Han (206 a.C. – 220 d.C.) y la renombró como la “Iniciativa de la Franja y la Ruta” (Belt and Road Initiative – BRI). Esta iniciativa ha intentado ir más allá de la ruta comercial original que una vez unió a China con Asia Central, India y Europa y se abrió camino hacia África, América Latina y el Caribe.

El BRI ha reubicado a China geopolíticamente y además sirve como una sagaz herramienta para su fortalecimiento político y económico a nivel internacional. El enfoque colectivo de China para involucrar activamente a distintos gobiernos en todo el mundo, ilustra su compromiso con el multilateralismo.

En este contexto: ¿qué significa el BRI específicamente para el Caribe?, una región que siempre ha sido de interés estratégico para Estados Unidos y también para aquellos que intentan desafiar su hegemonía. A continuación abordaré la participación actual de esta región en el BRI.

Desde la llegada de los europeos, el Caribe se convirtió en una fusión de la vieja Europa compitiendo por la influencia con cada poder colonial.

A principios del siglo XIX, Estados Unidos tuvo primacía al declarar una iniciativa de política exterior que determinaría el destino de gran parte de la cuenca del Caribe para el próximo siglo: el establecimiento de la Doctrina Monroe. La Doctrina Monroe fue vista como un momento crucial, como un principio de la política exterior de Estados Unidos de no permitir la intervención de las potencias europeas en los asuntos internos de los países del hemisferio americano, principio que permaneció bastante intacto hasta el fin de la Guerra Fría, donde existió una fuerte competencia entre Oriente y Occidente por el liderazgo de un nuevo orden mundial.

El miedo al comunismo llevó a Estados Unidos a estar atento a las necesidades de las nuevas naciones independientes del Caribe, sin embargo varias décadas más tarde, la atención que una vez recibió esta región y sus colonizadores, disminuyó significativamente.

A principios de mayo de 2017, se hizo evidente que la administración del Presidente Trump, recortaría el presupuesto para el paquete de ayuda anterior para Centroamérica.

Un informe de «Global Americans», declaró que el gobierno de Estados Unidos, había presionado por una reducción de casi el 40% en la asistencia general para el desarrollo de los Estados a todo el hemisferio occidental.

El informe indicó que el apoyo ofrecido a países como El Salvador, podría caer un 30%; los recortes para Guatemala resultarían en una reducción de 36.1% y en el caso de Honduras de 27.8%. Del mismo modo, los USD$4 millones que se asignaron anteriormente para el Programa de Desarrollo del Caribe en 2016, se han eliminado por completo.

La República Dominicana sufrió una disminución de 52%, Haití una reducción de 16%, mientras que Barbados y otras naciones en el Caribe Oriental experimentaron fácilmente una reducción de 41.7% en la ayuda al desarrollo.

En este contexto, la participación de China en la región ha sido particularmente activa. Recientemente el China Exim Bank y el China Development Bank, han ofrecido a la región del Caribe, alternativas más lucrativas que en comparación a algunas instituciones de crédito occidentales.

China esta invirtiendo en la región y ha participado en una serie de proyectos de desarrollo de infraestructura, incluida la modernización de carreteras, autopistas y aeropuertos. En lugar de pagos en efectivo, China también acordó la adquisición de bienes raíces de primer nivel en todo el Caribe.

A su vez las empresas chinas están renovando los esfuerzos para impulsar recursos naturales sin explotar, como los depósitos de petróleo, bauxita y magnesio de Guyana, así como una inversión de más de USD$3 mil millones en una refinería y fundición de aluminio en Jamaica.

Estos ejemplos son solamente una fracción de la participación reciente de China en la región, pero también de la creciente preocupación sobre el impacto al medio ambiente que pueden conllevar estos proyectos.

En paralelo a los generosos esquemas de préstamos de China bajo la bandera del BRI, se han generado temores de que  pueda estar atrayendo al Caribe a una «trampa de la deuda» para adquirir más activos en una región que ha estado «protegida» por mucho tiempo por la creencia de que Estados Unidos es su «destino manifiesto».

En los últimos años, China ha desafiado esta perspectiva, lo que hace que Estados Unidos se sienta receloso con respecto a las verdaderas intenciones de la potencia asiática en una región que históricamente ha sido parte de su «patio trasero».

Sin embargo, China continúa presentándose como un pionero de la cooperación Sur-Sur, al tiempo que promulga la noción del Presidente Xi Jinping  de una «comunidad con destino compartido para la humanidad».

Entre algunos de los países que han firmado un memorando de entendimiento para el BRI se encuentran: Trinidad y Tobago, Guyana, Barbados, Dominica, Jamaica, República Dominicana, Costa Rica, Panamá y Venezuela. China continúa describiendo sus iniciativas utilizando una retórica basada en conceptos como “win-win», que algunos pueden argumentar como mutuamente beneficiosa.

A primera vista, este planteamiento con una mayor presencia de China, no parece ser demasiado intimidante para el Caribe, sin embargo, la falta de transparencia, las preocupaciones medioambientales y el posible deterioro de los estándares occidentales de desarrollo, siguen siendo preocupantes.

Por su parte Estados Unidos, como única superpotencia durante la mayor parte del último siglo, se enfrenta a la inevitabilidad de un mundo multipolar. Y el surgimiento de una potencia oriental, plantea una serie de preguntas y ambivalencia, pero no existe un manual, ni podemos buscar necesariamente orientación en la historia.

Es parte de la naturaleza humana temer a lo desconocido, menospreciar o incluso demonizar en un juego de suma cero de «nosotros contra ellos».

Sin embargo, China, como cualquier otra potencia anterior a ella, debe velar por los intereses de su pueblo, y en ese sentido, los gobiernos del Caribe también deben hacer lo mismo. Muchas de las naciones caribeñas aún son jóvenes y varios de sus líderes están accediendo al poder por primera vez. Algunos estudios sostienen que los países en desarrollo siguen siendo pobres e impotentes debido a la corrupción desenfrenada. Por tanto es responsabilidad de los gobiernos del Caribe, negociar con China de una manera que beneficie a la región no con una visión de corto plazo, sino con una visión de futuro a largo plazo.

La sociedad tal como la conocemos está más conectada en la globalización y las divisiones que una vez separaron a las naciones y las cosmovisiones del pasado se están debilitando.

En el presente hay un vacío inconfundible, un clamor por el liderazgo a nivel mundial y por el avance de la humanidad, en este sentido: ¿China está buscando llenar este vacío?, ¿puede ser la iniciativa de «la franja y la ruta» un destino común?, ¿si esta iniciativa hubiese sido propuesta por Estados Unidos o por una potencia europea, existiría tal ambivalencia?, ¿si alguna otra nación estuviera en una posición de potencia emergente, aprovecharía la oportunidad de impulsar una iniciativa de este tipo?, ¿cuales serán los posibles impactos para el medio ambiente de esta iniciativa?...

Aunque no hay respuestas, estas preguntas continuarán surgiendo y alimentando nuevos debates.

 

Victoria Cann es Ph.D. en Estudios de Comunicación. Profesora en la Universidad de Comunicación de China y en su institución asociada, el Instituto de Tecnología de Nueva York.

Esta columna es fruto de un convenio de colaboración entre Asia Link y  Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM). www.chinayamericalatina.com

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