Uruguay y China 2020-2025: relaciones en un contexto de transición

Si bien las relaciones entre Uruguay y China fueron tardías si se observa la región cercana al país, salvo la excepción de Paraguay que aún reconoce a Taiwán, esto no ha sido un impedimento para que hoy días las mismas se encuentren en una etapa cuasi-óptima, en las dimensiones  política, económica-comercial y de cooperación.

Ello se debe a que desde comienzos de este siglo han aumentado vertiginosamente el contacto bilateral: primero fue el comercio, China es el primer socio comercial de Uruguay desde 2012 y motivo de gran parte del desarrollo de sectores alternativos, como el sojero y el de la celulosa, sumado a una balanza comercial equilibrada desde hace al menos tres años; luego la cooperación comenzó a aumentar hasta consolidarse; y posteriormente el acercamiento político entre ambos.

Este último se centró en tres temas claves y que todos ellos de una u otra forma repercuten en el entorno: la propuesta de un tratado de libre comercio (TLC),  una asociación estratégica (2016) y la firma del Memorando de Entendimiento sobre la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés).

La cuestión central del futuro próximo pasa por saber si el nuevo gobierno continuará con la misma política exterior o no.

En un plano externo, se observa un escenario de conflicto, tanto por la disputa comercial, política y tecnológica entre Estados Unidos y China, como por una región latinoamericana políticamente heterogénea. En un plano interno, un proceso de transición política luego de 15 años del Frente Amplio (FA) en el poder. También implica que será un cambio de orientación ideológica (de centro-izquierda a centro-derecha).

No obstante, si hay algo que no parece variar mucho y que genera ciertos acuerdos en el sistema político uruguayo es la variable China, sea en la dimensión que sea. El único tema que tiene posiciones contrapuestas es el del TLC, pero no entre partidos, sino entre fracciones partidarias, más precisamente dentro del FA.

Las relaciones de China con los gobiernos del FA han ido de menor a mayor, llegando a esta última etapa donde las relaciones podrían valorarse como altamente activas y dinámicas. Uruguay ha jugado un rol en la búsqueda de nuevos escenarios para China en la región (Mercosur como idea de hub regional), principal socio comercial (en 2019 el 31% de las exportaciones uruguayas tuvieron como destino a China), aliado político (acuerdos relevantes en múltiples áreas, entre ellas la asociación estratégica), así también como en el caso de la cooperación, siendo China en la actualidad el principal cooperante en Uruguay (múltiples acuerdos). Con el nuevo gobierno uruguayo no parecería cambiar mucho este escenario, a pesar de la cercanía que aparentemente tendría con Estados Unidos, debido a la reciente propuesta del presidente electo uruguayo para firmar un TLC. Desde lo externo, el pragmatismo con que el gobierno chino se ha manejado en todas las dimensiones mencionadas anteriormente no parecería ser la excepción para el caso del nuevo gobierno en Uruguay. Desde lo interno, las perspectivas tampoco parecen prever cambios bruscos al respecto, tanto por lo dicho anteriormente como por las señales recientes, la primera reunión que tuvo el Presidente electo Luis Lacalle Pou fue con el Embajador chino en Uruguay, Wang Gang.

Existen al menos dos aspectos para resaltar en perspectiva. Dada la tendencia del nuevo gobierno a la liberación comercial, expresada en varios programas de gobierno de los partidos de la coalición (sumada a la propuesta a Estados Unidos), cabría esperar una tendencia hacia estos temas en detrimento de otros, como los de política-estratégica (rol de Uruguay en Mercosur[1]). Otro aspecto, más especulativo, sería el de acercarse más a Estados Unidos, o al menos a una situación intermedia, debido al acercamiento que otros gobiernos afines de la región tienen con la administración del Presidente Trump. Este aspecto toma mayor trascendencia por la mencionada propuesta de TLC, pero no se da en detrimento de China necesariamente. De hecho el nuevo gobierno ha manifestado que quiere mantener, y mejorar las relaciones con China. Al mismo tiempo existe un sector agroexportador que presionará al nuevo gobierno para profundizar las relaciones comerciales, sectores como el cárnico, sojero o maderero, entre otros, se han beneficiado de la demanda china y vienen ejerciendo presión desde hace varios años para que se mejore la competitividad del país.

En definitiva, el tamaño relativo de Uruguay fue una variable determinante para que el gobierno uruguayo diseñara su estrategia de política exterior con China en clave regional, por tanto la idea de hub regional y de puerto de acceso a la región ya no es nada nuevo. De hecho el modelo de relaciones win-win propuesto por China, encaja perfectamente en las relaciones actuales. Las perspectivas del avance en las mismas, pareciera estar centradas en elevar la asociación estratégica al nivel de integral, definir el rol que Uruguay jugará en clave regional sobre el tema China y en las posibilidades de desarrollo de proyectos en el marco de la iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), concretamente del financiamiento que el país pueda tener del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés), al cual Uruguay pertenece desde agosto del 2019. Así lo ha promovido el gobierno saliente y así debería promoverlo el gobierno entrante.

No obstante, para ello debería no solo centrarse en el comercio, siempre tentador dada la demanda permanente de commodities por parte de China, sino en sectores no tradicionales, como es el financiero, concretar inversiones de envergadura (no vistas hasta entonces), o apostar por la promoción de nuevos destinos dentro de China (oeste) aprovechando el nuevo Consulado de Uruguay en Chongqing, llamado por las autoridades directamente como satélite comercial.

 

[1] En el caso de Uruguay lo que ha impedido el acuerdo ha sido la cláusula 32/00 del Mercosur (que impide negociar acuerdos comerciales sin el consentimiento del bloque) y también por algunos sectores de izquierda reticentes históricamente a estos acuerdos (Partido Comunista, por ejemplo).

Andrés Raggio es investigador del Programa de Estudios Internacionales de la Universidad de la República, Uruguay.

 

Esta columna es fruto de un convenio de colaboración entre Asia Link y  Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM). www.chinayamericalatina.com

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