Indonesia bajo los escombros

Lunes, 22/10/2018
Reuters

Después de que un sismo de magnitud 7,5 Richter golpeara a la ciudad costera de Palu en Indonesia, lo único que queda de la casa del vendedor Kaharuddin son unos cuantos montones de hormigón.

El hombre dijo que los escombros de la ciudad de Balaroa ocultan el cuerpo de su hija de 1 año, que está entre los cientos de desaparecidos tras el desastre del 28 de septiembre.

“Todavía estoy esperando poder encontrar a mi hija”, sostuvo Kaharuddin. El vendedor de frutas de 40 años relató que cuatro días después del terremoto los equipos de rescate encontraron los restos de su esposa, Hastuti, que sostenía en brazos los cuerpos de sus otras dos hijas, de 4 y 2 años.

Unas 5.000 personas se encuentran enterradas bajo el lodo, según las estimaciones oficiales. Indonesia canceló la búsqueda de víctimas el viernes, dos semanas después del terremoto, citando preocupaciones de salud, a pesar de las peticiones de los residentes para continuar con las tareas.

La ciudad fue una de las más afectadas por el fenómeno de licuefacción del suelo, cuando la tierra en movimiento hace que el terreno húmedo arrastre a miles de casas y personas bajo el barro y el asfalto.

“Era como si la tierra estuviera viva”, dijo Darmi, de 48 años, quien vio colapsar la mitad de su casa de dos pisos. “La tierra se abría, tragaba a personas, y volvía a cerrarse. El sonido era muy fuerte”.

Cuando volvió a Balaroa por primera vez dos semanas después del desastre, Hesti Andayani, de 27 años, se sorprendió al descubrir que su hogar de la infancia ya no se encontraba en ubicación original. “Tardé mucho tiempo en encontrarlo”, dijo entre lágrimas. “No sé dónde vamos a vivir ahora”.

Los equipos de rescate llegaron con decenas de excavadoras para ayudar a desenterrar cadáveres, mientras que algunos residentes hacían viajes constantemente para recuperar pertenencias de entre los escombros de las casas destruidas.

El oficial de distrito Yassir Garibaldi, de 43 años, empujó y tiró de un coche blanco atascado debajo de un porche colapsado. “Lo compré para mis padres”, relató. “Ellos ya no están, pero este sigue siendo un buen coche. Es lo único que puedo recuperar de ellos”.

Garibaldi tuvo que ver sin poder hacer nada cómo sus padres y su sobrina perdían el aire hasta morir cuando el terremoto los atrapó en un agujero de hormigón inundado de agua.

“Los encontré la mañana después del terremoto”, relató. “Me las arreglé para hablar con ellos, incluso les di algo de agua para beber. Pero estaban aplastados unos contra otros y el agua debe haber estado fría. Pasado un tiempo, simplemente dejaron de respirar”.

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