La travesía de un chileno que trabajó en un barco pesquero chino

Jueves, 17/12/2020
biobio.cl

Esta historia parte en diciembre de 1998. “En Montevideo conocí a una persona que embarcaba para los cruceros y él me dijo: Sabe que llegaron unos barcos chinos y tienen cuatro plazas de trabajo ¿te interesa? Pagan 400 dólares mensuales, que no era mucho pero tampoco era tan poco, y yo le dije inmediatamente: claro, yapo. Pero no me imaginé nunca que era eso”, comentó el ex trabajador de una flota china, Alexis Olivares, a Radio Bío Bío.

Ya es diciembre de 2020. Once naves de una flota china transitan por la Zona Económica Exclusiva chilena, lo que no es nuevo, sin embargo, la conducta de estos navíos orientales tiene un dejo de misterio y desconfianza en la población que nos hace preguntarnos ¿ocurrirán ilegalidades en su interior? ¿están violando la ley con su actuar?

Según Olivares, quien trabajó casi dos años en una de estas embarcaciones, la flota trabaja llamando a un satélite que le envía información sobre la temperatura del agua. Es según este factor que se desplazan. Por ejemplo, si hay 18 grados en un sector, significa que hay peces espada, atunes, tiburones, jibia y pota.

“La flota casi siempre es de 200 barcos”, aseguró y agregó que “lo que más les encanta a ellos es el tiburón, porque sólo les sacan las aletas y el resto lo botan”.

“Nadie hablaba español”. Embarcó con 27 años, firmó un documento en Uruguay que nunca vio y cuando le solicitaba el papel al capitán, éste nunca se lo enseñó. “Capaz que ni existiera”, dijo.

Alexis trabajaba para una empresa española, pero tuvo problemas con el armador del barco y decidió desembarcar. Fue en el Puerto La Paloma en Uruguay donde subió a la nave china que ya tenía 26 tripulantes, todos hablaban chino mandarín.

“Era como llegar a otro planeta, porque ni siquiera tenían cucharas ni tenedores”, sostuvo con sorpresa entre risas. “Hoy todos comen con palos en Chile porque se pusieron de moda los sushi, pero en esa época no”, detalló. Claramente nadie hablaba español, por lo que tuvo que aprender el idioma.

Desde Montevideo navegaron a Isla Ascensión, hacia el norte pasado por Brasil. Allí, fuera de las 200 millas, habrían sacado cantidades exorbitantes de atunes y peces espada.

Trabajaban casi 18 horas diarias y se levantaban a las 4:00 horas. El desayuno era un pocillo con arroz y dos pedacitos de pescado, también bebían agua de arroz, ya que se aprovechaba al máximo el grano. El joven era marinero de cubierta, preparaba los aparejos y los tipos de redes necesarios para sacar los peces.

“No me pude escapar”. “Cuando llegamos a Australia, nos desembarcamos, pero no me pude escapar”, confesó el ex marinero. En ese momento la entrevista dio un vuelco, ¿quería escapar? ¿por qué? “No pude venirme, no quería seguir. Todo el mundo está cagado (sic)”, relató.

Alexis aseguró que, “si en este momento la marina que está rodeando los barcos toma preso uno y lo trae a Chile, más de la mitad se desembarca porque la mayoría está como preso”.

Cuando le pidió su pasaporte al capitán, él le dijo que no se lo entregaría, reteniéndolo en la flota. De esta forma, si bien le pagaban, no tenía la libertad de desembarcar, justamente porque no tenía sus documentos.

Un tiempo después, llegaron a una isla al sur de Australia, cerca de Samoa, y encontraron otro barco, también chino. Allí, Alexis conoció a cuatro panameños que también querían escapar. Entre los cinco hablaron con el cónsul – no recuerda de si Panamá u Honduras – fue la autoridad quien solicitó los documentos al capitán del barco y a él no se los negó, desembarcando oficialmente en 2001.

Después de esto, el marinero viajó a España, buscó trabajo y consiguió uno en la marina mercante. “Al final le di casi dos vueltas al mundo”, indicó el hombre que se proclama “auto jubilado”.

“Los barcos son del gobierno” ¿La flota es ilegal? Olivares sostuvo que “trabajan en el límite de lo legal y lo ilegal”. Sin embargo, afirmó que “se meten igual a la zona de restricción en la noche, siempre”. Nunca habrían sido fiscalizados porque “son barcos del gobierno”. Según Alexis, no son de ninguna empresa por lo que no habría un gerente o alguien con quién hablar.

El entrevistado dijo que “los obligan a trabajar tanto de día como de noche”, ya que el satélite les envía información de la temperatura del agua 24/7.

Al parecer, a él nunca le pegaron, pero aseguró que cuando el capitán veía que un trabajador chino no trabajaba, sí lo golpeaba. “Por eso te digo que, si la Armada tomara un barco y lo trae a Valparaíso o Iquique, se desembarca la mitad”, señaló, lo que consideró como una forma de esclavitud.

En la época en la que él embarcó, no había médico, el único medicamento era el reposo, es decir, no trabajar por ese día. A modo de anécdota comentó que una vez tuvo un dolor fuerte de estómago, y le dieron arroz. De hecho, aseveró que no ha vuelto a comer el grano desde entonces.

También manifestó que los tripulantes no portarían armas y los barcos serían de alta tecnología. La flota se comanda por un buque nodriza, que provee de petróleo a todos los barcos.

A su vez, todos los barcos trabajan para el “buque madre”, el que es “gigantesco”. Según Alexis mediría 200 metros de largo, parecido a los barcos que entran a Valparaíso con contenedores. En la nodriza, juntarían “de todo”, pota, jibia, atún, pez espada y merluza.

Mucho que contar. Recordó dos huracanes “terrible’ de grandes (sic)” donde vio cómo la fuerza del mar con el cielo se juntó: “A simple vista no notas la diferencia entre el cielo y el mar porque las olas son tan altas y el cielo tira tanta agua que no te das cuenta de dónde esta la raya del cielo y el mar”.

En otra ocasión, mientras recogían las redes, aseguró que capturaron un pez espada enorme, de 200 kilos aproximadamente, y medía 4 o 5 metros de largo. “Yo nunca había visto un pez tan gigante”, comentó anonadado, “cuando íbamos a tomarlo para subirlo al barco, apareció un tiburón que era dos veces más grande que él, y se lo comió”.

“Era como un perrito cuando muerde algo y se lo lleva, igual, pero en triple XL. Y se lo llevó, quedamos todos mirando mientras el capitán chino gritaba”, contó Alexis Olivares.

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