Cineasta chileno destacado en Beijing

Viernes, 27/04/2018
Agencia Xinhua

Catorce años después de su última cinta, Silvio Caiozzi, premiado cineasta chileno, ha vuelto a la gran pantalla con un largometraje a través del cual continúa su prospección de la complejidad humana.

"... Y de pronto, el amanecer", una película de miradas hacia el conflicto interior del ser humano en un viaje al pasado sepultado del que el protagonista se había escapado, obtuvo una reacción calurosa durante su estreno en China en el Festival Internacional del Cine de Beijing,  algo que el artista no esperaba.

La cinta, ganadora del Premio a la Mejor Película del Festival del Cine Mundial de Montreal (Canadá) fue exhibida en el certamen pekinés, que concluyó esta semana.

El estreno tuvo lugar en una sala pequeña, con aforo de 150 personas, pero que estaba llena, y al término de la proyección los espectadores chinos le brindaron generosos aplausos y se mostraron ansiosos por conocer más del panorama cinematográfico del otro lado del mundo.

La sesión de preguntas y respuestas duró hasta pasada la medianoche, y el público estaba tan interesada en la obra que no quería irse. Desde preguntas específicas sobre una técnica de grabación o sobre el contenido, hasta sobre el significado simbólico de alguna imagen... Los espectadores siguieron al cineasta hasta la avenida en el exterior del centro comercial.

"Me sorprende el nivel de su conocimiento y el gran entusiasmo por el cine. Son preguntas inteligentes", elogió el director de su primer contacto con el público chino, sobre el que se mostró fascinado.

La acogida en el festival canadiense fue similar. "El trabajo de uno llega a conmover a tantas personas, sin que importe de dónde vienen, o qué lengua hablan, para mí fue un regalo maravilloso, un premio más grande que el premio", contó Caiozzi.

Desde el estreno en 2004 de su anterior película, "Cachimba", el cineasta tomó su tiempo para enamorarse de de una historia y convertirla en obra.

"Lo que busco es lo complejo del ser humano. Y esa complejidad es lo que tenemos en común como seres humanos", explicó.

"Lo más maravilloso del cine es cuando el espectador olvida que está siendo espectador, pasa a ser otro personaje y se mete adentro de la película", relató. "Cuando sucede eso, la película está bien lograda", aseguró.

Esa conexión que el cine establece entre los seres humanos, de que cada uno tenga la oportunidad de explorar la humanidad propia a través de la imagen cautivada y la originalidad de la película es, según Caiozzi, la maravilla del cine.

El truco de Hollywood. El cine de hoy en día está frente a dificultades que vienen empeorando: Los grandes grupos industriales forman un monopolio en el sector, ocupando los canales de distribución e invadiendo el mercado mundial con sus superproducciones para evitar que el público vea otro tipo de cine.

Lo que hacen es evitar que el público acceda a otro tipo de obras, y producen cintas una tras otra según la misma receta, mientras la gente se limita a elegir lo mejor de las mismas películas sin saber que haya otras opciones, señaló Caiozzi, que llama a este modelo "el truco de Hollywood".

"Creo que son tontos", juzgó. "Pienso que están destruyéndose a sí mismos".

Cuando los productores y distribuidores piensan que a todos los espectadores de todo el globo les gusta un solo tipo de filmes, sea por razones de comodidad o economía, "ese es el fin del cine", advirió el cineasta.

La receta de las producciones industriales es simple, casi aburrida: pone en la historia a los buenos y los malos, los malos persiguen al bueno, con explosiones y efectos especiales, dramas sentimentales y comerciales de vehículos... Hollywood hace películas sin sorpresas para niños y niños adultos, criticó.

Y en cines de todo el mundo se exhibe este tipo de películas industriales que salen de líneas de montaje con toda clase de elementos de atracción y recetas de éxito taquillero, pero sin profundidad humana. Queda muy poco espacio para un cine de otro tipo, lamentó.

Hay espacio para todo tipo de cine, opuso el director, que agregó que en América Latina hay talentos cinematográficos que siguen luchando por lograr más espacio para la exhibición de las propias obras.

Cooperación con China. Dado que en China hay millones de espectadores con una sed ferviente por más y mejores películas, y América Latina sigue impresionando al mundo con numerosas obras ingeniosas, la colaboración entre ambas partes  sería lógica y natural.

China se está abriendo al mundo, con muchas ganas de ver lo que se hace afuera, y en el continente de América Latina hacen un cine maravilloso sin tener dónde exhibirlo, analizó Caiozzi.

"Existe una posibilidad brutal de coproducciones, de encuentros de talentos e intercambios de películas", propuso.

Entre China y Chile se ha firmado un acuerdo para fortalecer la colaboración cinematográfica, apuntó el director, aunque no se ha pactado crear una agenda de proyectos sino más bien una idea, una voluntad.

De ahí sugirió la probabilidad de que ambos gobiernos estableciesen mecanismos para exhibir cada año cierto número de películas de un país en el otro, y viceversa. "Voy a intentar presionar para que la resolución se ponga en marcha", prometió.

En China, la cantidad creciente de producciones nacionales más las importadas aún no llega a satisfacer el apetito de los espectadores, que continúan batiendo récords de taquilla.

En Chile, al igual que en otras naciones latinoamericanas, han surgido cineastas fantásticos, cuyos trabajos son reconocidos en todo el mundo, tal como "Una mujer fantástica", rodada por el director chileno Sebastián Lelio y ganadora del premio a la mejor película en lengua extranjera en los premios Óscar de este año.

Sería una colaboración que traería beneficios múltiples: la creatividad de América Latina aportaría un sabor fresco y original al mercado chino, y la introducción de la competencia impulsaría que el cine local hiciese un mayor esfuerzo por mejorar.

"En un mundo globalizado donde el ser humano está cada vez más aislado, las películas hacen que nos acerquemos, concluyó Caiozzi. 

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